al apear del coche,
con impulso retraído su dislocada persona,
sosteniendo el pecado del chófer
entre sus curvadas piernas
que aprieta con las manos
tiñendo carmín en sus rodillas.
Y aún tendrá que dar a dios gracias
de que retorno entrara en el precio
porque tremenda paliza viste del malparido
que dejó en casa a la choni de su esposa,
réplica barata de París Hilton,
a la que castiga con su eterno amor prometido.
A mala hora estaba el pescado ya vendido
y qué barato el alquiler de su cuerpo
para un puto gramo de coca consumido,
cuando cotizan mas que ella sus bragas.
Si al menos subastara su valía
al mejor postor que la bien pagara,
no caminaría ahora el filo del andén
de cualquier oscura carretera,
igual que camina el de su vida,
sorteando luces que reflejan lacrimosas gotas
distorsionando la visión en sus corneas.
Y no es más frío que sople tramontana el viento,
ni cobrar por un asqueroso momento
que la importancia que dé algún conductor
al quebrantado grito pelado
de la figura de una joven furcia,
que rompe lunas pero no conciencias
de las que sólo afloran públicas.
Porque no habrá esta noche auxilio,
ni aparecerá Salvador Galán que la retire,
ni gavilán que le alce los pies del suelo
y convierta realidad de extrarradio,
de olvidadas hija, madre y ex amante,
en sobredosis de liberador sueño.
Severalnino's
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