CARTA
El frío de este instante dificulta mi pensamiento aquejado. Muchas almas perdidas de nuevo se clavan en la mía cansada, día tras día, de historias perdidas.
Ni el mullido algodón de mi florido sofá mantiene mi cuerpo sin tensiones.
Ha sido duro de nuevo, en algunos momentos insoportable.
Sentado tras la mesa del pequeño centro social me pregunto continuamente qué cosa valiosa pueden ofrecerme las largas conversaciones dolientes de la gente del pueblo falto de corazones sin remiendos. Gente perdida que busca desairear sus penas quizás para hacer desvanecer sus culpas, remordimientos o sufrimiento, aunque sólo sea por un instante de alivio que les permita llegar al sueño de la noche.
Miro a tantos y me siento tan reflejado en ellos... Ahora más que nunca les entiendo cuando todavía recuerdo aquellos alaridos de la tarde del 15 de julio del 2000. Cómo pulen mis entrañas cada día más empequeñecidas. Ni siquiera aquel que se ofreció en mi ayuda, que me dio hogar y se abandonó en su cariño hacia mí pudo acallar mi tormento.
Yo me abandoné también, pero no a quererles sino a los cuerpos vacíos de otros. Demasiadas pieles tocadas. Cada una de ellas me provocaba el placer de mi propia autodestrucción disfrutando de cada centrímetro conseguido en la herida.
Me pesan todavía demasiado las historias de la gente. No consigo comprender su oscuridad, esa que me ha otorgado la tenue y frágil luz que intento no se apague nunca. Quizás sea afortunado por ello pues otros todavía viven en la total y absoluta penumbra.
Tengo el cuerpo cansado, adormecido. Mi mente no consigue despertarlo y librarlo de la apatía y el dolor, pero ahora los veo, los reconozco y eso me da conciencia de que algún día, no muy lejano, cesarán. No importa el tiempo que tarde, ya no espero ni desespero. Me abandono pero esta vez a la búsqueda de un camino entre la frondosidad del sin sentido y la sinrazón que me haga entender la importancia de nuestra existencia, de la mía y de la tuya. Ya no busco respuestas inútiles, sólo el sentido del silencio que éstas provocan.
Lo se... tengo miedo de perder mis miedos. Cómo podría sino subsistir sin lo único que conozco. Pero ahora creo en el amor, no en ese que tantos venden sino en el que no envidia, no cela ni condiciona. Sólo necesito pulirlo, que brille más intensamente para no apagarlo y permitir que llene toda mi vida.
Te escribo estas líneas desde la soledad de la que hablabas en tu carta, esa que siempre va e irá conmigo y me enseñará tantas cosas. Soledad en la soledad, soledad en compañía. Creo que nunca debemos esconderla, sólo dejarla en un pequeño rinconcito de nosotros.
Son las 17:35 h y estoy agotado aunque todavía tengo muchas cosas que hacer.
Te envío un beso muy fuerte y te deseo, en horas cercanas, dulces sueños.
MICRO INACABADO
Veía el eslogan del ave Madrid - Valencia "HOY ESTAMOS + CERCA DE LLEGAR + LEJOS" y tus palabras al teléfono sonaban como si tuviera que interpretarlas en el mismo sentido en el que leía éstas, contrariadas, reflejadas en el cristal frente a mi situación. En tu caso no en la forma sino en el contenido.
Parecías querer convencerte de que necesitabas llamar para demostrar mi importancia en tu vida, pero podría ser prescindible.
Y me siento como la insignificante pieza que va siempre colocada en el vacío de un puzzle o como el comodín de una baraja que da el poder de decidir cuándo echar mano de él o guardarlo como estrategia para otra jugada en un nuevo momento de soledad.