el día como fracción de tiempo
oí el llanto de un perro.
El matiz de su tono subordinado
llamó la atención del sueño
y, aún entre borregos, lo despertó.
Pesaba demasiado el desamor
cuando me incorporé de la cama
mientras en las sábanas dejaba el alma.
Afiné el oído entre interferencias,
intentando calmar la conciencia,
y a la mirilla llevó a clavar mi ojo.
Era tu súplica ensuciando mi felpudo.
¿Metes el rabo entre las piernas?
A buenas horas lo recoges del paseo.
Pero, lo siento, yo hoy no compré pienso
y si te doy un poco de carne
me ensuciarías con tus babas el suelo.
Lo fregué esta misma mañana
cuando tu egoísmo pisó las lágrimas
que contenidas derramé al marcharte.
Si ahora ladras, busca a otro dueño
o cállate y pide cita para el premio
que mascotas yo no tengo, ni quiero...
Severalnino's
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