En tu ausencia la comprensión de mi complejidad empequeñece intentando entender la tuya, pero desborda la de mi existencia al sumar uno mas uno.
Entonces desaparece la locura del amor por lo simple, del placer primitivo, de los besos puros, de las caricias inocentes que, perdidos, la razón abandona y el corazón busca para que vuelvan como magia que amenice nuestras inseguras vidas, incesantemente vulnerables al descontrol.
Así la tabla de salvación se convierte en el cristal en que posados nos encontramos. Y siento que es ahora cuando temo decir te quiero, ahora que a veces inseguro ignoro tu respuesta, que me hago un pulso para mantener nuestro idilio vivo, que rezo para que hagas tú lo mismo.
Y en la soledad sujeto tremoladas emociones por lo que sientes o no sientes, por lo que quiero o no quiero.
Suplico en silencio que al volver a verte me digas que sin mi presencia tu convicción fue firme.
Suplico sentirme yo cobarde, loco, indeciso.
Mas vuelve el día de nuestro encuentro y al llegar tus labios me confiesan contradicciones que compartes conmigo, pero al despegar mi boca de la tuya nos miramos a los ojos, abrazas mi abrazo y suspiros de nuestros corazones vuelven a hacer de lo complejo, lo sencillo.
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