Esta vez profundicé demasiado
y me perdí entre cuestiones
sin respuestas del todo lógicas.
Busqué el sentido de un supremo,
magistral creador de alegrías,
permisivo del dolor e indiferente
a que tú fueras, y ya no seas,
quien a mi mundo daba el sentido.
Eras balanza de mi parte irracional
para no perder la cuestionable cordura,
en un sistema en el que, desencajado,
me disipaba entre divergencias.
Y ahora que constante inspiro la ira
de no encontrar la causa ni el culpable
de que te hayas marchado para siempre,
expiro locuras que callan mis palabras
para aparentar no haber perdido el rumbo.
No quiero dañar a quien aun está a mi lado
porque, aunque sienta inútil su presencia,
me protege de no ahogarme en la desidia
y convertirme en el cobarde suicida
que apague sus días con la desgana,
sin tener la mas mínima certeza
de que me esperes en algún paraíso.
A veces mutilaría esta pena
que masacra cruel mi presente,
aunque no sepa si existirá un futuro
alejado de la agonía, una oportunidad,
planteada desde la forzada soledad,
en la que la luz borre esta oscuridad.
Y cuando llega la noche eterna veo
a los relojes rebobinando las horas,
a la gente caminando hacia atrás,
hablando de forma inversa entre ellos,
intentando alcanzar el momento
en el que tu corazón se paró y retenerlo.
Me imagino acariciándolo con mis dedos
y en ese instante, egoísta, darte la vida
a cambio de escuchar tu dulce voz
un sólo segundo mientras por ti muero
y así firmar un contrato de intercambio
para subir, amor, de mi infierno a tu cielo.
Severalnino's
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